Cultura Pop

El Diccionario de la Lengua Española define «pop» como «un cierto tipo de música ligera y popular derivado de estilos musicales negros y de la música folclórica británica», siendo el término procedente del inglés pop, un acortamiento de popular.

El término canción pop se registró por primera vez en 1926, usado en el sentido de una pieza musical «que tenga atractivo popular». A partir de la década de 1950, el término «música pop» se ha utilizado para describir un género distinto, destinado a un mercado joven, a menudo caracterizado como una alternativa suave al rock and rol. A raíz del auge de los artistas británicos de la conocida como invasión británica, alrededor de 1967, el término fue utilizado cada vez más en oposición al concepto de música rock, para describir una forma musical más comercial, efímera y accesible. Aunque la música pop es contemplada a menudo como orientada a las listas de ventas de sencillos, como género no consiste simplemente en la suma de todos los éxitos musicales, que ha contenido siempre canciones procedentes de una variedad de fuentes, entre ellas la música clásica, el jazz o el rock, mientras que la música pop como género es generalmente contemplado con una existencia y desarrollo separado.

El término cultura popular hace referencia al conjunto de patrones culturales y manifestaciones artísticas y literarias creadas o consumidas preferentemente por el pueblo llano, por contraposición con una cultura académica más elitista y centrada en medios de expresión tradicionalmente valorados como alta cultura.

Dado que a lo largo de la historia, y por evidentes razones de supervivencia y medios disponibles, el avance y modificación de la cultura ha tenido su punta de lanza en las élites económicas y académicas, la cultura popular ha sido un elemento comparativamente estático. Esto ha propiciado, a partir del siglo XIX, su uso como referencia de identidad grupal por parte del pensamiento nacionalista, que ha basado en dichas señas culturales la idea de pertenencia a una nación o territorio.

A lo largo del siglo XX, no obstante, la extensión de la escolarización en buena parte del planeta unida a la emergencia de la cultura del ocio ha hecho que la cultura popular abandone su carácter predominantemente estático para convertirse en un elemento dinamizador que, en ocasiones, desborda la creatividad de las vanguardias académicas. Así el cómic -a caballo entre pintura y literatura- o el jazz en el terreno musical han acabado desbordando su condición marginal para instalarse como artes académicamente reconocidas.

El retraso en la edad de incorporación de los jóvenes al mercado laboral ha facilitado su condición de creadores y consumidores de productos culturales, llegando incluso a la creación de subculturas propias, o tribus urbanas, con preferencias artísticas y filosóficas específicas y alejadas del “mainstream” o línea de pensamiento mayoritaria.

La explotación comercial de los contenidos de la cultura popular es también, una vez expurgados sus elementos más transgresores, un elemento importante en la formación de la cultura de masas y un factor económico de relevancia a través de industrias como las de la música, el cómic o el videojuego.

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